Y así continua la búsqueda deseperada, un mejor sueldo, una casa mejor, un coche mejor, tener hijos, viajar..., son nuestras metas que sólo deseamos alcanzar y apenas podemos disfrutar. Entonces llega el día en que nada de eso es suficiente, en que te sientes completamente vacío, rodeado de gente pero sólo, con dinero pero pobre; pobre porque no has comprendido el valor de las cosas, el valor de aquello que no se puede comprar, el valor de la vida.
Ahora ya nada tiene sentido, todo da vueltas en un constante carrusel de rutinas, de pesadez, de tristeza, de soledad y de nostalgia. Nostalgia por todo aquello que de verdad queríamos hacer, por los sueños que creimos utopías y en los que desistimos, por la lucha de valores que considerastes inadecuados, atrevidos, incluso irreales.
Todo se viene a bajo, decaes, te deprimes, dejas de luchar, pierdes poco a poco todo aquello que tanto te costó conseguir, la pareja, la familia, los amigos, el trabajo..., y decides que la vida ya no merece la pena. Estas tan cansado de todo y de todos, estás tan aburrido, tan incompleto, tan falto te ilusiones y de sueños, porque hace tiempo que dejastes de soñar, que dejastes de sentir la vida con todos los sentidos.
Llega el día, alguien se acerca y te decide que sólo te quedan unas semanas de vida, que hagas lo que hagas vas a partir de este mundo...consideras un alivio a tu sufrimiento, respiras profundamente porque todo va a acabar. Es a partir de aquí cuando comienzas a pensar que no vale la pena tanto sacrificio por cosas sin valor, comienzas a no dar importancia a las cosas que antes consitituían toda tu vida.
Poco a poco vas descubriendo que es mejor vivir la vida sin preocupaciones y disfrutando cada momento, recuperas algunos de los sentidos que considerastes perdido, el sentido del tacto, el roce de alguien, la química de su cuerpo, los escalofríos...; el gusto, el sabor de algo nuevo, olvidar el amargo de la vida..
Un día sonríes de nuevo, y te preocupas porque sabes que ya no tienes tiempo; otro día alguien te dice lo increíble que eres, y no lo escuchas porque no quieres darle explicaciones; una mañana te despiertas con ganas de hacer algo diferente, pero no lo intentas por miedo a que te guste; una noche deseas pasarla en vela, sintiendo el susurro de la brisa y el frío de la oscuridad en tu piel, pero te duermes para evitar el deseo de repetirlo...
Así pasan los días, hasta que descubres que estás empezando a soñar de nuevo, que hay cosas que aún deseas hacer, que añoras a personas, que anhelas momentos en tu vida, pero..., ya no te queda tiempo, ¿o no?, ¿será tarde?.
Retas a la muerte y comienzas a disfrutar cada día, a hacer las cosas sin pensarlo dos veces, a intentarlo todo, si, al menos, a intentarlo. Cada amanecer se convierte en un regalo para ti, cada atardecer en un milagro, cada comida un placer, cada minuto de compañía eternidad, cada brisa del mar en tu aliento, cada beso y cada instante..., en tu vida.

Espero que la disfruten y me dejen sus comentarios, ha salido completamente de mi corazón
ResponderEliminarMuy bonito Javi!!!! Todo lo que dices es cierto. Muchas veces no nos paramos a pensar en que algún día todo esto terminará y desperdiciamos el tiempo en tonterías que no valen para nada. La vida es el mayor regalo que nos han dado y hay que aprender a disfrutarla con todos los sentidos.
ResponderEliminarGracias Guacy, me alegro que te gustara. Es que acabo de ver Veronika decides to die y me inspiró. La has visto? El libro es mejor pero la película tiene mucho sentido
ResponderEliminarHola Javi, está currado. Es muy bonito y me ha hecho pensar, porque normalmente siempre voy corriendo (tu lo sabes) y muchas veces antepongo el trabajo a otras cosas que son mucho más importantes. Te felicito
ResponderEliminaroh Belén me alegra mucho que me dejes un comentario, no esperaba menos de tí. Espero algún día saber hacer más cositas, hacía dos años que no escribía nada...voy a intentar retomarlo. Gracias, besitos
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